Tras deternerme en un supermercado para comprar agua y unas huvas dejé Miranda de Ebro atrás.
Volví a reincorporarme a la N-124 y tomé la dirección hacia Logroño. Al tratarse de la nacional que conecta Burgos con Logroño el tráfico, sobre todo de camiones, era intenso. El problema que me ocasionaban dichos camiones era que me generaban grandes corrientes de aire cada vez que me adelantaban; por lo que me sentí realmente aliviado al descubrir que mi camino se apartaba pronto de esa nacional. Concretamente, poco antes de Briñas.
Desde ese punto hasta Labastida, mis únicos "enemigos" eran el viento que siempre soplaba de cara y las continuas y pronunciadas subidas que debía ir superando para continuar con mi marcha.
Por suerte, las vistas de tanto viñedo en pleno explendor, compensaba los dolores de piernas, así como saber que en un rato estaría en compañía de mis amiguetes para contarles batallitas.

Al llegar a Labastida, me detuve porque la ciudad se encuentra en lo alto de una colina, con la idea de rellenar los bidones de agua porque el calor era intenso, y el aire en contra provocaba que el esfuerzo para pedalear en la bici fuera grande.
Junto a la fuente se encontraba la iglesia, a la que no dudé en echar una ojeada en su interior. Creo que, por su sencillez y altura, se trata de una iglesia de estilo pre-gótico (fin del románico, supongo), aunque no pondría la mano en el fuego porque estas cosas las estudíe en el colegio.
Tras un paseito al frescor del interior de la iglesia, retomé la bici y continué pedaleando hacia Elciego. Al acercarme a Ábalos, la intensidad del viento se incrementó y apenas podía circular a 6-7 km/h. Hablé por el móvil con Oscar y Raúl, que ya andaban dando vueltas por la zona con el coche haciendo fotografías y les hablé de mi situación. Seguí adelante, y tras superar Samaniego, giré a la derecha dirigiendo mis pedaladas hacia Elciego y con la esperanza de que me cogieran con el coche en cualquier momento.
Eso sucedió a sólo 2 kms. de Elciego. Nos detuvimos para celebrar el encuentro en un lugar seguro, y tras esa pequeña pausa nos dirigimos veloces hacia adelante. ¡¡Elciego nos esperaba!!
En el cuentakilometros ponía 90kms cubiertos en el día al transitar entre las primeras casas que nos daban la bienvenida.
Volví a reincorporarme a la N-124 y tomé la dirección hacia Logroño. Al tratarse de la nacional que conecta Burgos con Logroño el tráfico, sobre todo de camiones, era intenso. El problema que me ocasionaban dichos camiones era que me generaban grandes corrientes de aire cada vez que me adelantaban; por lo que me sentí realmente aliviado al descubrir que mi camino se apartaba pronto de esa nacional. Concretamente, poco antes de Briñas.
Desde ese punto hasta Labastida, mis únicos "enemigos" eran el viento que siempre soplaba de cara y las continuas y pronunciadas subidas que debía ir superando para continuar con mi marcha.
Al llegar a Labastida, me detuve porque la ciudad se encuentra en lo alto de una colina, con la idea de rellenar los bidones de agua porque el calor era intenso, y el aire en contra provocaba que el esfuerzo para pedalear en la bici fuera grande.
Junto a la fuente se encontraba la iglesia, a la que no dudé en echar una ojeada en su interior. Creo que, por su sencillez y altura, se trata de una iglesia de estilo pre-gótico (fin del románico, supongo), aunque no pondría la mano en el fuego porque estas cosas las estudíe en el colegio.
Tras un paseito al frescor del interior de la iglesia, retomé la bici y continué pedaleando hacia Elciego. Al acercarme a Ábalos, la intensidad del viento se incrementó y apenas podía circular a 6-7 km/h. Hablé por el móvil con Oscar y Raúl, que ya andaban dando vueltas por la zona con el coche haciendo fotografías y les hablé de mi situación. Seguí adelante, y tras superar Samaniego, giré a la derecha dirigiendo mis pedaladas hacia Elciego y con la esperanza de que me cogieran con el coche en cualquier momento.
Eso sucedió a sólo 2 kms. de Elciego. Nos detuvimos para celebrar el encuentro en un lugar seguro, y tras esa pequeña pausa nos dirigimos veloces hacia adelante. ¡¡Elciego nos esperaba!!
En el cuentakilometros ponía 90kms cubiertos en el día al transitar entre las primeras casas que nos daban la bienvenida.


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