Etapa 6: Sábado 9 de Agosto'08 - FIN


Tras el susto de la noche anterior, me aseguré de que todas mis pertenencias se encontraban en perfecto estado. También me quedé asombrado del estado en que quedó la manzana que no llegué a tomar la noche anterior.

Cuando cogí la bici para ponerme en marcha, decidí que debía aprovechar la ocasión para visitar la Laguna Negra, puesto que me encontraba relativamente cerca de ésta.

Pasé algo más de una hora pedaleando sobre la bici hasta que por fin conseguí llegar hasta la famosa laguna. El sitio me defraudó un poco y tras hacer unas pocas fotos, volví a montar mi bici para lanzarme tumba abierta por la cuesta.

Cuando llegué a Vinuesa me detuve en una cafetería en la que me tomé un cafecillo con dos trozos de bizcocho. Tuve la suerte de que a mi entrada a la caferería Samuel Sanchez estaba convirtiéndose en Campeón Olímpico en China. Por lo que pasé, probablemente, más tiempo del necesario tomándome el cafecillo.

Cerca de las 12.00 fué cuando monté nuevamente sobre la bici aguantando un sol abrasador, con la alegría de haber visto a Samuel en lo más alto del podium.
A mi entrada en Abejar busqué un restaurante porque estaba muerto de hambre. Estuve leyendo mi novela hasta que me indicaron que podía pasar al comedor y tomé un menú, que fué un poco caro para lo que me dieron; aunque el trato fué muy correcto.

Tras terminar la comida, me tomé un patxarán que me acompañó hasta que leí las últimas líneas de la novela que me estuvo acompañando durante todo el viaje; y una vez cerrado el libro, volví a pedalear sobre la bici.

Revisando los mapas con posteriorioridad, en el sofá de casa, me doy cuenta que en ese momento cometí un error al tomar la N-234 dirección Burgos, puesto que había acordado con mi padre que si por un casual veía que no iba a ser capaz de llegar al pueblo de la abuela antes de las 20.00h, él vendría a recogerme con el coche. Esa noche iríamos a la bodega a cenar cordero asado a las brasas y había que subir a la bodega siendo aún de día.

La N-234 era una carretera aburrida llena de falsos llanos y con el viento que soplaba siempre de costado. Miré el mapa y vi que tomando un desvío por una carretera comarcal, podía acortar unos pocos kilómetros. Tomé esta carretera que me llevó por pueblecillos perdidos como el caso de Muriel Viejo, Cubillos, Valdealdeanos, etc....

Lo bonito de transitar por esta carretera era que los paisajes cambiaban contínuamente cada pocos metros, aunque ello implicaba el tener que realizar alguna ascensión más o menos dura que no figuraba en el mapa. En cualquier caso, el saberme cerca de mi destino, a las 18.00 ya había confirmado con mi padre que se pasase a recogerme a Burgo de Osma a las 19.30, me daba energías extra para mirar positívamente los paisajes que me rodeaban.

Volví a una carretera general en un cruce próximo a Ucero y distante de El Burgo unos 15kms.... ¡¡¡¡mis últimos 15 km de viaje!!!! Llegué en menos de 30mins a El Burgo de Osma, ya que mis energías estaban pletóricas. Trás 6 días consecutivos de pedalada, un ataque de una pareja de zorros, 2 tarde/noches pasadas por agua, una novela ("la Cena Secreta") leída; ya no tenía que segur pedaleando por más tiempo.

Busqué una pastelería donde compré 3 cajas de "Mantequilla de Soria" y me dediqué a desmontar las alforjas de la bici para estar preparado ante la inminente llegada de mi padre. Tras saludarnos debidamente, metimos la bici al maletero tras desmontarla, y partimos rumbo a casa de la abuela en su querido pueblo de Castillejo de Robledo, que distaba apenas 40km. En cuestión de media hora ya estaba enseñando a toda la familia las huellas que me dejaron los zorrillos la noche anterior en el pie y en el codo con las consiguientes caras de admiración por parte de todos.

Después, nos fuimos a cenar a la bodega unas ricas chuletas de cordero a las brasas; y trás la cena hubo verbena ya que se estaban celebrando las fiestas del pueblo.

Este es mi último comentario en el blog, así que no me queda más que agradecer su tiempo a todos los que me hayan leído.



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¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ MUCHAS GRACIAS !!!!!!!!!!!

Noche del Viérnes 8 de Agosto'08 - El Ataque de los Zorros

Esa noche, tal y como describo en el relato y video de la página anterior, me metí en el saco para pasar la que iba a ser mi última noche a la intemperie... en medio del bosque.

Lo que sucedió una vez logré coger el sueño, lo describo a continuación:

- La noche era fría por lo que me oculté completamente en el interior del saco sin dejar en el exterior ninguna parte de mi cuerpo. Todo transcurrió tranquilo hasta más o menos las 01.20h de la noche. Estaba oscuro porque no había luna y los árboles tapaban la poca luz proveniente del firmamento.

Lo que sucedió fue que de repente me desperté sobresaltado ya que noté como sobre mis pies había un animal no muy grande andando por encima. Imaginando que se trataba de algún pequeño animalillo, pataleé para quitármelo de encima y que me dejara continuar con mi descanso, pero al animalillo, pareció que mi reacción no le entusiasmó lo más mínimo ya que una vez lo desplacé de donde me subió, el puñetero animal me pegó un mordisco que alcanzó mi pie a través del saco.

En ese momento me puse histérico y empecé a pegar gritos como loco puesto que el animal no me soltaba el pie y tiraba con fuerza. Yo le llamaba de todo menos guapo al animal tratando de gritar lo más posible con la esperanza de que se asustara y me soltara y que saliera huyendo, pero nada más lejos de la realidad.

Cuando después de patalear durante unos segundos que se me hicieron interminables... el animal me soltó y me pude sentar. Traté de pensar en la situación y decidir qué hacer, pero inmediatamente sentí las fauces de un segundo animal que se me echó al brazo derecho dándome otro mordisco. Por suerte, este segundo animal soltó casi de inmediato mi brazo y eso le valió para librarse del puñetazo que le lancé. Cuando huía pude ver que se trataba de un zorro. Por tanto... ESTABA SIENDO ATACADO POR ZORROS..... ¡¡QUÉ MIEDO!!

Pensé que me iban a comer si no me movía o me iba de allí, por lo que en lo primero que pensé fué en ponerme las zapatillas que tenía junto a mí para evitar que pudieran lastimarme los pies. Fui plenamente consciente de que si me mordían los pies me sería complicado escapar de ellos y eso fue lo que hice mientras que trataba de contar cuántos eran los zorros que me estaban atacando. Continué gritando e insultándoles pese a que estaba completamente cagado de miedo. Para mi suerte, tuve la cabeza suficientemente fría y reaccioné de forma adecuada ante dicha situación.

Una vez que tuve las zapatillas puestas, recogí las cosas que tenía más a mano, es decir, mi saco y el pareo, que en ese momento pensé que podrían serme útiles en caso de que me trataran de morder para poder evitar sus mordiscos de alguna manera; la botella de litro de agua que estaba prácticamente llena y que usaba para intentar pegar a los malditos zorros aunque sin éxito; una lata de conservas que pensaba usar como arma arrojadiza; y las gafas que tenía guardadas en la funda. La bici con las alforjas se quedaron donde estaban... ya que allí, lo único que corría peligro era mi vida.

Una vez cargué con esas cosas seguí dando botellazos al aire tratando de alcanzar a los animales pero sin conseguirlo y trepé hasta la carretera puesto que en el punto en que me encontraba a duras penas lograba ver la silueta de los zorros. Por ello, una vez en la carretera podría defenderme en mejores condiciones puesto que podría verles acercarse a mí.

Puesto que me encontraba a varios kilómetros del ser humano más próximo, decidí que lo mejor que podía hacer era ir hacia la civilización. Por esto, me enrollé el saco en el brazo izquierdo y tomé la botella con la mano derecha para prepararme ante el esperado ataque de los zorros.

Yo continuaba increpando a los animalillos y cuando intuía que se me acercaban, corría hacia ellos tratando de hacer el máximo ruido posible con los clavos de las zapatillas (puesto que eran las de la MTB). Así fué como inicié el descenso hacia la civilización, andando por el centro de la carretera y escoltado por más de un zorro que querían comerme. Éstos, a veces me adelantaban, otras me seguían por detrás y otras caminaban a mi par a través de la vegetación. Cuando veía que se me acercaban algo más de la cuenta, pegaba una carrera en su dirección haciendo todo el ruido que podía con los pies y gritándoles nuevamente.

Esta situación se alargó durante casi 45 minutos aunque al cabo de los primeros 20, y una vez pasado el susto inicial, comencé a tranquilizarme un poco aunque seguía muy pendiente de todos sus movimientos. Lo que me tranquilizó fue el descubrir que se trataba únicamente de una pareja de zorros y que con el paso del tiempo no se unían invitados a la fiesta.

Pasados esos momentos de mayor tensión... fui haciéndome a la idea de que esa no iba a ser mi última noche. Lo único que tenía que hacer era continuar caminando hasta llegar a un pueblo que sabía que estaría a unos 15 kms. Pero era mejor andar durante toda la noche que dejarme comer por unos animales en pleno bosque.

Como he indicado antes, una vez transcurridos unos 45 minutos los zorros se dieron por vencidos y dejaron de seguirme. Yo continué alejándome puesto que el lugar no me parecía suficientemente seguro como para quedarme a pasar el resto de la noche aún lejos de otros seres humanos.

Tras continuar andando durante media hora más aproximadamente descubrí en un cruce de caminos, lo que podría ser una casa que tenía una verja alrededor. Dí unos golpes a la puerta metáliza y al no haber escuchar ningún ruido proveniente de la casa decidí saltar la puerta y pasar la noche en el interior de la propiedad. Me recosté junto a una de las puertas de la vivienda y traté de relajar el pulso que pese al tiempo transcurrido desde que los zorros me despertaran en medio de la noche, yo seguía con mis pulsaciones aceleradas. Traté de cerrar los ojos y dormir pero me costó mucho conciliar el sueño.

A las 6.45h me desperté y salté de nuevo la puerta para regresar en busca de mis pertencencias. Llegué hasta ellas a las 8.40h tras desandar todo el camino recorrido durante la noche. A mi llegada hasta la bici grabé el siguiente video:


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Etapa 5: Viernes 8 de Agosto'08 - Parte II

Me aproximé a la barra del bar tras esperar lo justo, me pedí lo que puede verse en la foto. comí en la terraza porque la temperatura a la sombra de los árboles era muy agradable con el vientecillo que corría.

Compartí algo de mi comida con un amigo de 4 patas que me hice, jeje, y después del cafecito de rigor, aboné la cuenta y me dispuse a continuar con mi camino que discurriría por la N-111 hasta el desvío de "Villoslada de Cameros" donde debería desviarme a la derecha. Eran poco más de las 16h cuando partí con mi montura.

Al salir de "Villanueva de Cameros" regresé sobre mis pasos hasta el cruce próximo a la fábrica embotelladora y proseguí con paso lento (porque había un repecho de un par de kms), aunque firme y seguro.

Continué por la carretera hasta llegar al cruce hacia Villoslada sin ninguna incidencia, y admirando la belleza del paisaje que iba atravesando. Cuando tomé el desvío, el asfalto pasó a ser algo más rugoso e irregular, pero pese a esto, pronto llegué a Villoslada. A la salida del pueblo había unas instalaciones municipales que contaban con una piscina, donde algunas personas, en su mayoría mujeres de buen ver, disfrutaban de los rayos de sol y/o del agua. La verdad es que algo de envidia me dieron.

Sin embargo, apenas aminoré la marcha y proseguí pedaleando animosamente por los contínuos toboganes de la carretera que siempre picaba hacia arriba. A mi llegada a "Montenegro de Cameros" me encontraba totalmente sediento tanto por el calor como porque el agua de mi bidón estaba demasiado caliente y no resultaba agradable su consumo. Por ello, me detuve en el único bar existente en el pueblecillo y me tomé una Coca-Cola. También aproveché para rellenar el bidón y descansar lo necesario antes de enfrentarme con mi siguiente desafío, que no era otra cosa que la ascensión al puerto de Santa Inés. El puerto consistía en algo más de 12kms de subida en la que se corona a 1753mts de altitud.

Empecé a subir cuando el reloj marcaba las 18.00h y no alcancé la cima del puerto hasta las 20.15h. Durante la ascensión, tuve que detenerme en numerosas ocasiones puesto que había rampas realmente exigentes y contaba con pocos tramos de descanso.

La ascensión se me hizo interminable y en varias ocasiones estuve a muy poco de darme por vencido y rendirme ante la dureza del puerto. Sin embargo conseguí alcanzar la cima cuando el sol estaba empezando a ocultarse y con el viento bastante frio, al menos para mi cuerpo que estaba empapado por el sudor del esfuerzo de la subida.

Debido al frío reinante, me detuve lo imprescindible y me lancé por el descenso del puerto por la carretera que se encontraba en obras de mejora y ensanchamiento del firme. Esto me obligó a tomarme la bajada con precaución ya que muchos tramos carecían tan siquiera de asfalto.

Tras realizar la mayor parte del descenso, me dediqué a buscar un lugar donde pasar la noche puesto que comprendí que dada la hora que era no iba a tener posibilidad para llegar a la Laguna Negra, como era mi intención.

Pero presintiendo que la noche se me habría echado encima antes de haber sido capaz de llegar a la misma, localicé un buen lugar en el bosque donde decidí pasar esa noche.
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Etapa 5: Viernes 8 de Agosto'08 - Parte I

Me desperté bien temprano esa mañana porque realmente no pude descansar demasiado bien.
Preparé la bici con las alforjas, y antes de abandonar definitivamente el pueblo de Elciego quise dar una vueltecilla por allí con la intención de sacar algunas instantáneas desde diferentes perspectivas.

Me despedí por tanto de Elciego, y dirigí mis pedaladas hacia "La Puebla de Labarca". Atravesé la Puebla y continué hasta Fuenmayor. Aquí me detuve en una cafetería a tomar el desayuno, que consistió en café c/leche, croissant y un bollo de leche.

Mientras me tomaba el desayuno aproveché para recargar un poco el móvil, ya que la batería estaba en las últimas. Al terminar el hamaiketako reemprendí la marcha con destino Logroño.

A las 10.00h ya estaba entrando en la capital riojana y lo primero que hice fué dar una vuelta a la ciudad mientras trataba de localizar una tienda de fotografía para pasar las fotos y videos de la cámara a DVD´s. La empresa no fué sencilla porque nadie parecía conocer la presencia de ninguna tienda. Al cabo de 2 horas, encontré una y como tenía que esperar prácticamente 1h para que me entregaran los DVD´s. Debido a esto, me quedé leyendo la novela que me venía acompañando durante el viaje, "La Cena Secreta".

Pasada la una del mediodía me acerqué a recoger los DVD´s y mis tarjetas de memoria tras un buen rato de busqueda de la tienda, que por momentos llegué a pensar que se había esfumado ya que era incapaz de encontrarla.

Pese a que era mediodía, decidí que debía continuar con la ruta ya que el cielo estaba cubierto por nubes. Por ello, abandoné Logroño por la N-111 con dirección a Soria. La N-111 soportaba bastante tráfico, pero gracias a que eran las horas centrales del día, muchos camioneros estaban aprovechando para comer, con lo que no tuve que preocuparme demasiado por los camiones.
El asfalto era bueno, por lo que mi ritmo también era bueno, al menos hasta que la carretera se empezó a empinar poco antes de llegar a Islallana. En este pueblecillo situado en medio de ninguna parte, me detuve a comprar agua y unas patatas fritas para matar el hambre y recuperar las sales perdidas por el esfuerzo.

Pasadas las 14h continuaba pedaleando aunque a esas horas mi estómago me pedía algo más que las patatas fritas o las barritas de que disponía. Además, el sol se había escabullido entre las nubes, y calentaba con fuerza, por lo que únicamente pensaba en buscar un lugar tranquilo donde pasar las horas centrales del día.

Al pasar frente a una empresa embotelladora me detuve ya que mi resistencia estaba llegando al límite. Sin embargo, llegué hasta un cruce próximo que me indicaba que a menos de 2kms se encontraba la población de "Torrecilla en Cameros", por lo que reuní las fuerzas suficientes para llegar hasta la misma.

Pronto encontré una plaza en la que había un bar-restaurante con mesas ocupando una buena parte de la plaza.